Bocas incorrectas

Es sábado de ola polar, esa que sobreviene al famoso Veranito de San Juan (así, Veranito con mayúscula) en pleno junio. En Sala Siranush (Armenia 1353, entre Niceto Vega y Cabrera), Palermo, nos espera una show de stand up. Bocas Incorrectas hace su re-estreno en esta sala, después de haber pasado por El Ateneo, en Uruguay, y por el Camarín de las Musas en CABA.  No habíamos podido asistir a ninguna de sus presentaciones anteriores y esta vez, que sí podíamos, el frío no lo iba a evitar.

Es que conocíamos de cerca el trabajo que venía haciendo Nadia Chiaramoni en el mundo del stand up, con Mente Positiva y Popper; y esta propuesta que entendimos como un poco más actoral, nos despertaba esa sensación de intriga ineludible que nace un poco de la admiración (ya que Nadia y quien les escribe compartimos una profesión -científicos ambos- y algunas pasiones) y otro poco del “¿ay ella también es actriz?”.

Así nos embarcamos, témpano mediante, en una aventura feminista que dejaría la marca imborrable de los buenos momentos que van marinados con alguna enseñanza. Digo aventura no porque quede bello (¿queda bello?) sino porque así se vivió realmente. Y digo feminista porque aunque para muchos sigan siendo mala palabra, para otros tantos es una meca y un estilo de vida.

Luego de una obertura a viva voz construida al son del desgarro de las frases hechas y del martirio de ser mujer en este mundo ruin; las actrices se irán sucediendo una a una para entregarnos su visión del mundo, cada una con su unipersonal, cuidadosamente digitado para hacerle honor a su naturaleza de comediantes sin perder el ánimo de la propuesta: el de las Bocas Incorrectas y, sobre todo, el de la aventura feminista, claro.

Nadia Chiaramoni nos educa, fiel a su estilo, con una clase magistral sobre mujeres científicas y profesionales a lo largo de la historia argentina y mundial. Algunas lejanas en el tiempo, otras no tanto. Un atlas ilustrado del ninguneo y la estigmatización del género femenino en el mundo profesional. Una Nadia no tan distinta desde lo estético pero sí con la evidencia de un crecimiento profesional muy notable en lo actoral. Entrañable.

Toma la posta Jennifer Frank para ridiculizar la maternidad, en un cuadro que debería titularse “todo lo que hay que saber sobre maternidad y ninguna madre te dice porque son todas caretas”. Con una personalidad increíble y una presencia envidiable sobre el escenario Jenny nos trae una parada obligatoria para toda madre wannabe y, en especial, para todo machito que ande suelto por ahí pensando que tener hijos es ponerla y nada más.

Para cerrar los unipersonales entra bailando, con una energía única y super-contagiosa, Valeria André. Llega en el momento justo para hablar de la mujer como objeto en la música contemporánea. Lo hace mediante el ejercicio evidéntemente poco común de atender lo que las letras de estas canciones sugieren. Construye una escena imaginaria (¿imaginaria?) en la que las palabras cobran vida para poner en evidencia la verdadera desgracia que promueven.

Dirigida por Nancy Gay, la obra tiene un hilo conductor que, a pesar del humor, lastima. Las actrices gritan a todo pecho lo que las somete, lo que las vulnera, lo que las hiere y lo que las mata. Lo gritan entre ellas, pero nos gritan a nosotros. Lo gritan con las palabras y con el cuerpo. Ojo que el humor no se pierde nunca, porque una de las virtudes más fantásticas del stand up es esa: la capacidad de reírnos con las miserias propias y ajenas, y de lo rota que está la humanidad. Una propuesta única que, esperamos, vuelva a los escenarios pronto para cuestionarnos, educarnos y hacernos reír (a pesar de todo).


Ficha Técnica


DIRECCIÓN GENERAL: Nancy Gay


Elenco


Nadia Chiaramoni
Jennifer Frank
Valeria André