Casa Valentina

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Es nochecita de jueves. Aguardamos, impaciente para entrar a la sala del mítico Picadilly. La marquesina de Casa Valentina, atrevida y descontracturada, parece sugerir que la versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino será una fiel adaptación de su original. La fila se extiende hasta la esquina y ya no es sorpresa que la función será a sala completa. Es casi la hora.

Ya sentados y listos para disfrutar del espectáculo (con la particular ansiedad que deviene de haber estado esperando ese momento toda la semana) resulta inevitable quedar maravillado por la escenografía. Sutil, acertada y, a primera vista, perfectamente funcional al espacio del escenario. Encantadora obra de René Diviu.

Finalmente, son Lucas (Nicolás Scarpino) y Rita (María Leal) quienes terminan con la angustiosa espera. Afortunadamente, la obra demora muy poco en sumergirnos en aquel Estados Unidos (Aunque con la argentinización necesaria) de principios de los ’50. La inmersión es inevitable.

Con cuotas de comedia, que aprovechan eficientemente lo poco que queda del humor machista en los tiempos que corren, ingresan uno a uno (o una a una, según cómo guste uno de mirarlo) los actores a la escena. Se debe reconocer que José María Muscari no se excede con estos límites y que, muy inteligentemente, los usa para hacernos reír.

Destaca, por pintoresca, correcta y de notable calidad, la personificación de cada una de las chicas; con Eddy Rodríguez y Pablo Battaglia a cargo de los peinados y el vestuario, respectivamente.

Con tamaño elenco, cuesta no poner las expectativas en el cielo. A riesgo de sonar zalamero: el cielo les queda chico:
Roly Serrano compone una Gogó desopilante. Práctica, histriónica y desinhibida, Gogó es el perfecto antónimo de su alter-ego masculino (un militar de profesión y hombre de familia). Ambas caras en perfecta, aunque antipática, sintonía.

Gustavo Garzón pone sobre el escenario a Renzo, un hombre agobiado por los problemas mundanos que suponen sostener el refugio al que todas sus “colegas” acuden a vestir de damas. La transformación a Valentina, su cara femenina, dará vida a un personaje a la sombra de los fantasmas lógicos de la sociedad de mediados del siglo XX. Garzón logra mostrar ese peso con claridad.

La voz de la experiencia y la sabiduría suprema llegan de la mano de Marga, en carne de Pepe Novoa. Un personaje más bien alejado de la histeria que fecunda el resto del grupo, como si se tratara de un guiño a la menopausia. Sobrio, pero sensible, Pepe Novoa nos sorprende con una Marga graciosa y correcta.

Espléndidas, cada una a su manera (música y desfile de pasarela mediante), entran Georgina (Fabián Vena) y Gloria (Diego Ramos). Como dos caras opuestas – la juventud y la extravagancia vs la experiencia y la mesura – y profundamente enemistadas. Fabián Vena y Diego Ramos calan profundo en el origen de esa enemistad, tocando las fibras sensibles de su práctica: la homofobia y la sexualidad, en el marco político que Muscari contextualiza breve pero suficientemente. Georgina y Gloria enturbian el agua con su rivalidad, y relucen un drama emocionante y doloroso. Inesperado.

El juez, o Pupé, será la oveja negra del rebaño. Idolatrada por sus pares, tanto por su cara masculina como por su cara femenina, Boy Olmi tiene la difícil tarea entregarnos un personaje que pasa de heroína a villana en una historia que no da para respiros. Cumple con creces, y emociona en el proceso.
Párrafo aparte merece la hija del juez, personificada por Mariela Asensio, quien trae a la historia una durísima condensación del prejuicio y dolor. Será con mucha fuerza y justo dramatismo que su interpelación pondrá en jaque todo el sistema de creencias del refugio.

Favoritismo aparte, Nicolás Scarpino nos trae un Lucas joven y timorato, cuya cara femenina será Miranda. Será a través de ella que hallaremos apropiados los relatos sobre las costumbres del refugio y la maravillosa historia de amor que unió, años atrás, a Renzo y Rita. Scarpino pone en juego una dama en pleno autodescubrimiento, reflejando el miedo y la conmoción que esto supone, pero sin abandonar la alegría.

Actuación Especial de María Leal. Especial. Así, con mayúscula todas las veces. ¿Puede uno seguir sorprendiéndose de lo que esta mujer transmite? Evidentemente, sí. María Leal, en la piel de Rita, nos brinda una mujer enamorada e incondicional, tomando ambas cosas con el peso que ameritan. Su actuación es, sin duda, la cúspide de toda emoción. Difícil ignorar el peso de sus líneas. Más difícil salir ileso.

Casa Valentina es una obra que parece autoproclamarse una comedia. Sin ánimos de quitar crédito a esa percepción, arriesgo a decir que prima el drama. Y no cualquier drama. Prima el drama que nace del dolor de la incomprensión, del miedo y del desamor. Muscari presenta una obra de altísima calidad, con una carga emocional que trasciende la comedia y que resulta fundamental para poner ese dolor en tela de juicio.


Ficha Técnica:
Intérpretes: Boy Olmi, Pepe Novoa, Diego Ramos, Gustavo Garzón, Mariela Asensio, Roly Serrano, Nicolás Scarpino, María Leal, Fabián Vena
Dirección: José María Muscari
Autor: Harvey Fierstein
Versión: Fernando Masllorens, Federico González Del Pino
Vestuario: Pablo Battaglia
Escenografía: René Diviú
Iluminación: Eli Sirlin