Los Monstruos

Hace tiempo debía este texto. No por falta de ímpetu para escribirlo, sino más bien por la consciencia de que lo que faltaba era el tiempo para hacer el análisis correcto; para poder poner, en algunas líneas, una reseña que hiciera verdadera justicia a tremendo trabajo. Tanto tiempo hace que debía este texto, que hace ya rato que todos saben que Los Monstruos es LA obra del año. Afortunadamente, esto me quita el peso de las formalidades en las que suele incurrirse al hacer una reseña teatral. No hace falta que les cuente que Natalia Cociuffo es GIGANTE, o que Mariano Chiesa es una BESTIA y, sobre todo, puedo eximirme de hacer la comparación ya medio cliché de decir que son unos “mostros”. No hace falta que fundamente en términos técnicos por qué el libro (Emiliano Dionisi) es impecable o por qué la música (Martín Rodríguez) te eriza la piel. Así, libre de toda descripción ceremoniosa, puedo centrarme en qué se siente ver Los Monstruos:

los-monstruos-ensayo-620x298

Ahí estamos. Expectantes. No hay telón. Los músicos y actores se esconden en la sombra de un escenario apagado. Al comenzar, ambos personajes hablan a un sujeto tácito sobre sus hijos. Tienen la misma conversación con la misma persona, atemporalmente. La charla se completa con un diálogo unilateral en el que el espectador construye, segundo a segundo, a aquel sujeto tácito y silente. Le cuentan cómo son esos hijos, por qué son especiales. Hay amor en sus ojos y en la inflección de la voz al hablar. La letra y música de la primer canción juega con esa fibra íntima que tenemos aquellos que nos sabemos amados por nuestros padres. Hablan de orgullo, de proyectos y de potencial. Reconocen que su semilla se salió de la media pero asumen (¿como siempre?) que “el problema son los demás”.

A partir de allí, los protagonistas tienen vía libre para desarrollar no solo sus personajes principales, sino también una amplia variedad de secundarios. Esta construcción es siempre el producto del imaginario del espectador y, aunque el texto nos induce sutilmente una que otra imagen, es uno quien los crea. Este recurso implica, sin duda, un esfuerzo extra por parte de la audiencia; pero ineludiblemente genera una sensación de compromiso mucho más legítima. Poco tardamos en sumergirnos en la trama y olvidarnos de todo.

Al musical no le falta nada. Resulta que en poco menos de dos horas, el espectador se pasea irremediablemente por un centenar de emociones. Empatía, miedo, tristeza incertidumbre, orgullo, alegría, curiosidad… Muchas veces como un efecto directo de lo que vemos, otras tantas como un reflejo emocional de esos que pasan por andar escarbando memorias. Y es que la audiencia juega un rol tan activo en el desarrollo de la obra, que resulta imposible no sentirse interpelado como parte de ésta.

La monstruosidad va in crescendo, desde la comedia, explotando la paternidad como un grotesco; hasta la más sombría perversión de los personajes. Pocas veces se tiene la dicha de observar una transformación con tanto contraste y a la vez tan gradual. Tan verosímil. Tan perturbadoramente convincente.

La única crítica a lugar para esta entrega es que no da respiro. No hay tiempo para aplaudir los cuadros musicales. Hay que guardarse toda esa emoción y orgullo empático que brota, inescrupuloso, cada pocos minutos. Aguantarse es malo para la salud…

Como contraparte, su mérito más sobresaliente es, a mi gusto, que resulta imposible (o al menos, es digno de acalorada discusión) decir si los monstruos que le ponen el título a la obra son ellos o sus pequeños. O ambos. Quizás ninguno. Quizás monstruos somos los otros, los que día a día replicamos esta sociedad hipócrita y perversa. Quizás ni vale la pena preguntárselo. A fin de cuentas, cuando se mira bien de cerca, todos somos un poco monstruos.


Encontralos en


TEATRO PICADERO | Pasaje Santos Discépolo 1857, CABA, Argentina

Todos los Miércoles, 20:30 hs


Ficha Técnica


DRAMATURGIA: Emiliano Dionisi
MÚSICA Y LETRAS: Martín Rodríguez
VESTUARIO: Marisol Castañeda
ASESOR DE ARTE EN FOTOS Y VESTUARIO: Ezequiel Galeano
REALIZACIÓN ESCENOGRÁFICA: Compañía Criolla
ARTE EN ESCENOGRAFÍA: María Chevalier
DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Claudio Del Bianco
ASISTENCIA DE ILUMINACIÓN: Martín Fernández Paponi
FOTOGRAFÍA: Akira Patiño
DIRECTORES ASISTENTES: Juan José Barocelli y Julia Gárriz
PRODUCCIÓN EJECUTIVA: Sebastián Ezcurra
DESARROLLO DE PROYECTO: Compañía Criolla
TUTORES: Joaquín Bonet y Pablo Gorlero
DIRECCIÓN MUSICAL: Martín Rodríguez
DIRECCIÓN GENERAL: Emiliano Dionisi


Elenco


INTÉRPRETES: Natalia Cociuffo y Mariano Chiesa
MÚSICOS EN VIVO:
Juan Pablo Schapira (teclado y guitarra electroacústica),
Matías Menarguez (batería),
Martín Rodríguez (guitarra),
Gianluca Bonfanti Mele (bajo)